Qué decir de esas sustancias que nos trasladan temporalmente al otro lado, que ofrecen un abordaje distinto de aquel al que nos acostumbran nuestros sentidos, que prometen el cielo y pueden desembocar en el infierno, que suponen un viejo enigma tan literario como simplemente humano. La presencia de la droga es un misterio que tal vez cifra una parte irrefutable de nuestra especie, un ámbito asociado a la curiosidad infinita y al dolor más intestino.

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